En un país de 120 millones de habitantes en el que los católicos son una exigua minoría, la Iglesia logra discretamente un peso muy superior a su tamaño: presta servicios esenciales y fomenta el diálogo interreligioso en todo Egipto.

El obispo de Luxor, monseñor Emmanuel Bishay, asegura que, pese a su escaso número, los católicos egipcios contribuyen de manera notable a la educación, la sanidad y el desarrollo comunitario, al tiempo que afrontan los desafíos pastorales que plantean la emigración, la pobreza y la gran dispersión de los fieles.