En los años ochenta, en los estudios bíblicos estaba de moda negar que el rey David hubiera existido. Pero en 1993 los arqueólogos sacaron a la luz la estela de Tel Dan, un fragmento de piedra datado en el siglo IX a. C. La estela contiene una inscripción de un monarca arameo que relata su victoria sobre un rey «de la casa de David». Aquel hallazgo sensacional parecía corroborar históricamente los hechos narrados en 2 Reyes 12, 17-18. Y, sobre todo, desmentía a los escépticos. El rey David fue, sin lugar a dudas, un personaje histórico real, y los especialistas se habían precipitado al despachar los relatos bíblicos como fábulas piadosas.