La nueva crónica de William Whyte sobre la universidad como institución interpreta con ingenio la larga historia de estos centros de enseñanza a través de los materiales que propiciaron su desarrollo, influyeron en él o surgieron de él: paja, piedra, carne, sangre, seda, papel, hierro y hormigón.

Es cierto que la universidad es, en la práctica, una invención europea, pero se ha adoptado ampliamente, reinventado y arraigado en las tradiciones locales de todos los continentes habitados. Por eso, Whyte amplía su mirada. Parte de la paja que los primeros estudiantes de la Universidad de París tenían que comprar para sentarse y dormir, y llega hasta el hormigón de una universidad nigeriana diseñada por arquitectos israelíes, con un amplio recorrido entre ambos extremos.