Resulta muy interesante comparar la representación del arcángel Miguel que hizo Rafael en su obra de 1518 San Miguel venciendo a Satanás con las representaciones populares actuales de san Miguel. Hoy se prefieren figuras de guerreros taciturnos, con cuerpos hipermasculinos y espadas enormes, como salidas de un videojuego de fantasía épica. Sin embargo, estas representaciones no muestran una característica fundamental, si no la más importante, de san Miguel: no vence a Satanás por su propio poder, sino por el poder de Dios. El san Miguel de Rafael tiene una constitución robusta, una armadura resistente y una lanza formidable; aun así, la genialidad de la obra reside en mostrar que la derrota de Satanás —descrita por san Juan en Apocalipsis 12:7-9— se debe, en última instancia, al poder divino, no al angélico.