Comenzamos la semana con la conmemoración de todos los Fieles Difuntos. La introducción a la misa recoge unas palabras de san Juan Pablo II que iluminan la doctrina católica del purgatorio y la necesidad de rezar por nuestros difuntos.

Al orar por los difuntos, la Iglesia contempla ante todo el misterio de la Resurrección de Cristo, que por su cruz nos obtiene la salvación y la vida eterna… Creer en la resurrección de la carne es reconocer que existe un fin último, una meta definitiva para toda vida humana, que colma de tal modo el anhelo del hombre que no le deja ya nada más que desear… Unida a los méritos de los santos, nuestra oración fraterna acude en ayuda de quienes esperan la visión beatífica. La intercesión por los difuntos… obtiene los méritos que sirven para alcanzar plenamente la salvación. Es expresión de la caridad fraterna de la única familia de Dios… La contemplación de la vida de quienes han seguido a Cristo nos anima a llevar una vida cristiana buena y recta, para que podamos prepararnos cada día para la vida eterna.