Para que una persona sea beatificada en la Iglesia católica, debe haber un milagro atribuido a su intercesión. Esta es la historia del milagro atribuido al arzobispo Fulton Sheen.

Bonnie Engstrom dio a luz a su hijo, James Fulton Engstrom, en su casa, cerca de Peoria, Illinois, la ciudad natal del arzobispo Sheen, el 16 de septiembre de 2010. Enseguida quedó claro que algo iba muy mal. James, que pesaba nada menos que 4,5 kilos, estaba azulado. Estaba flácido. No respiraba. No tenía pulso.

Un nudo en el cordón umbilical, del que sus padres no sabían nada, se había apretado durante el parto y había privado de oxígeno al pequeño James, apagando su vida. Una matrona comenzó de inmediato la reanimación cardiopulmonar y llamó a una ambulancia. Travis, el marido de Bonnie, bautizó de urgencia a su hijo e invocó a las dos personas en cuyo honor le habían puesto nombre.