Desde hace ya algún tiempo, en la Iglesia se viene restando importancia al infierno y al peligro que entraña. Hay quien sostiene que, al hablar cada vez menos de ese peligro, hemos transmitido a los fieles una falsa sensación de seguridad respecto a su destino eterno. Sin embargo, donde esto parece más cierto, y con consecuencias más dañinas, es en la jerarquía de la Iglesia. Esta semana, el obispo Robert Barron ha corregido con valentía al cardenal Vesco por sus escandalosas declaraciones sobre la evangelización en Argelia.