Hace más de 100 años, cuando el misionero y mártir estadounidense beato Francis Xavier Ford emprendió su gran aventura rumbo a China, lo hizo con la firme convicción de que su misión consistía, ante todo, en predicar a Cristo y establecer su Iglesia. Hoy, sin embargo, a juzgar por las comunicaciones de los misioneros que solicitan nuestro apoyo, su labor es casi exclusivamente social y material. No hablan de fortalecer la Iglesia local ni de convertir almas, sino de obras loables como construir pozos y escuelas o ayudar a las familias a salir de la pobreza.