En el verano de 1987, era coadjutor de la Iglesia de Inglaterra y tenía tres meses libres antes de incorporarme a mi siguiente destino como capellán de un colegio en Cambridge. Decidí aprovechar ese tiempo para peregrinar haciendo autostop desde Inglaterra hasta Jerusalén, alojándome en monasterios por el camino.
Fue una gran aventura, y una de las experiencias más memorables tuvo lugar mientras atravesaba el valle de Susa, en los Alpes italianos, camino de Turín.
En lo alto de una montaña divisé un edificio extraordinario – una iglesia o quizá un monasterio. Al llegar a mi destino aquella noche, supe que era la Sacra di San Michele – un monasterio dedicado a san Miguel Arcángel.










