Leer East of Eden con unos amigos este verano fue mi primer contacto con John Steinbeck. Por lo general, la literatura estadounidense no es mi primera opción —Willa Cather y Mark Twain son honrosas excepciones—, pero mi primera impresión de Steinbeck fue que, desde luego, sabía escribir. Su prosa es vívida, sus descripciones son coloridas y tiene el don de adentrarse en la conciencia de sus personajes de un modo que los hace cercanos y creíbles.

Mi segunda impresión fue que East of Eden es un libro muy sombrío. Como le dije a un amigo por mensaje en cierto momento: “Llevamos 237 páginas y ya ha habido suicidio, parricidio, un intento de fratricidio, un intento de asesinato, robo, prostitución, adulterio, alusiones a una violación y un parto descrito con todo detalle”. Al terminar el libro, una lista más completa incluiría también una violación en grupo, chantaje, alcoholismo, violencia doméstica y abandono infantil. En el mundo de Steinbeck, el Edén ha quedado definitivamente atrás.