Después de seis años en el cargo, estoy a punto de dejar el mejor trabajo del mundo. Desde 2020 soy rector de St Mary’s, la universidad católica de Londres. Inevitablemente, he reflexionado sobre lo que juntos hemos logrado en esta extraordinaria institución, pero también he dicho en las distintas despedidas que el futuro es aún más ilusionante.
Mis comienzos aquí no fueron fáciles. Mi esposa y yo regresamos al Reino Unido tras cinco años en Australia el día antes de que Boris Johnson, entonces primer ministro, decretara el primer confinamiento por la COVID-19, y durante mis primeros meses en el cargo trabajé principalmente por Zoom desde la habitación de invitados de un piso alquilado. Incluso entonces se hizo patente el extraordinario espíritu de este lugar y de su personal: nuestros magníficos equipos de restauración y limpieza se aseguraron de que los estudiantes internacionales que no podían volver a casa siguieran recibiendo atención y comida. Me propuse ir una vez por semana a trabajar a mi despacho: el vínculo con el lugar es importante en St Mary’s. Aquella primera Navidad, con la relajación temporal de las restricciones, fue muy especial: hubo misa en la capilla universitaria y una cena navideña completa en el comedor. Retomamos las clases totalmente presenciales en cuanto pudimos. Esto es una comunidad, y una comunidad necesita contacto: nuestros estudiantes lo dejaron muy claro y nuestro personal respondió.














