En su discurso de presentación del Premio Nobel de Literatura de 1928, Per Hallström, presidente del Comité Nobel de la Academia Sueca, describió a la galardonada como un “genio poético cuyas raíces deben hundirse en un espíritu grande y bien ordenado”.

Sigrid Undset (1882-1949), la novelista noruega que ganó aquel Nobel “principalmente por sus vigorosas descripciones de la vida nórdica durante la Edad Media”, recibirá pronto el título de sierva de Dios – el primer paso en el camino oficial hacia su elevación a los altares como santa. Durante una peregrinación en julio en honor de santa Sunniva a las ruinas de la abadía de la isla noruega de Selja, el obispo de Oslo anunció que había iniciado los trámites para abrir formalmente la causa de canonización de Undset. El obispo Fredrik Hansen la describió como “mucho más que una escritora y ganadora del Premio Nobel”. Esta conversa al catolicismo, madre de tres hijos y luchadora contra el nazismo es, afirmó, “un modelo de fe cristiana, de una vida virtuosa y de búsqueda de la santidad”.