Hace más de una década, el 10 de noviembre de 2015, el ingenioso personaje de Twitter «IowaHawkBlog» resumió la larga marcha por las instituciones en un tuit magnífico. Decía así:

«1. Identifica una institución respetada. 2. Mátala. 3. Vacíala por dentro. 4. Ponte su cadáver como si fuera un traje, mientras exiges respeto».

Esta larga marcha por las instituciones ha triunfado más allá de los sueños más descabellados de quienes la concibieron. La expresión de Rudi Dutschke, inspirada en los cuadernos de la cárcel de Gramsci, nunca fue mera teoría. Era una estrategia deliberada: infiltrarse en las universidades, la función pública, la policía, los organismos reguladores, los medios de comunicación y los círculos que deciden qué tiene cabida en la cultura; colonizarlos desde dentro; y reescribir el código moral de Occidente mientras los demás mirábamos hacia otro lado. Conservar los nombres, los edificios y los títulos de instituciones respetadas que, en muchos casos, tardaron siglos en construirse, y convertirlas en «trajes hechos con su piel» que sirvieran de disfraz a la revolución antioccidental. Funcionó.