Pocas oraciones de uso habitual entre los católicos suenan tan «antiguas» como la oración a san Miguel, con expresiones como «defiéndenos en la batalla», «maldad y asechanzas del demonio» y «príncipe de la milicia celestial». Parece propia del mundo de los cruzados, las gárgolas y las iglesias medievales; en realidad, es más reciente que el teléfono.

El papa León XIII compuso la oración, que se añadió en 1886 a las plegarias que entonces se rezaban después de cada misa rezada. Estas plegarias tenían, a su vez, un origen político: Pío IX había introducido una versión de ellas en los Estados Pontificios en 1859, cuando el poder temporal del papado se veía amenazado durante la unificación italiana. León XIII las extendió a toda la Iglesia en 1884 y pidió a los católicos que rezaran por la libertad y la exaltación de la Santa Madre Iglesia. Dos años después se añadió la oración a san Miguel.