El viaje apostólico de León XIV a Francia, una visita relámpago que pareció durar mucho más de cuatro días, ha llegado a su fin. A lo largo del viaje, insistió una y otra vez en dos cuestiones fundamentales: la santidad de la vida y la importancia de vivir la fe de forma consciente.
León aprovechó las últimas ceremonias públicas de su viaje para volver a señalar las raíces cristianas de Europa y la importancia de mantenerse fiel a esos valores para que Francia prospere. Era el mismo tema que venía planteando desde que aterrizó en París el viernes por la mañana, aunque con distintos enfoques según se dirigiera a un público político, laico o católico.















